Demasiado ruido no deja ver

Una joven pareja comienza a discutir con fatal desenlace, la mujer muere a manos de su ex novio y éste oculta el cadáver con la ayuda de unos amigos comunes; unos hechos condenables y violentos pero tristemente cotidianos en la sociedad actual; a simple vista nos encontramos con un delito conocido, la percepción cambia cuando conocemos el nombre de la víctima: Marta del Castillo.

Marta del Castillo tenía 17 años y desapareció el pasado 24 de Enero en Sevilla, desde ese momento su historia se convirtió en objetivo de todas las cámaras.El desconcierto y el temor de la familia y amigos de Marta les llevó a iniciar una búsqueda en todo el territorio nacional con la red social Tuenti como el principal instrumento al principio y el total apoyo de los medios ante la creciente expectación social, se produjeron manifestaciones e incluso una reunión con el presidente del gobierno,José Luis Rodriguez Zapatero.

Todo el proceso llegaba paso a paso a oídos de una audiencia que encontró satisfacción cuando la desaparición se vistió de crimen, Miguel Carcaño, su exnovio, confesó haberla asesinado, el morbo se disparó entonces y toda la información sobre ambos apareció en los medios, la privacidad de los acusados: olvidada. Los perfiles de Tuenti salieron a la luz,se multiplicaron las apariciones de conocidos y amigos hablando indignados sobre el acto de Miguel en todas las televisiones, desde el periodismo se ha criticado todo el circo mediático que se ha creado alrededor del caso y las instituciones correspondientes empiezan a investigar la legalidad de las informaciones ofrecidas.

Algunas voces del periodismo se han pronunciando ya, y es que todo el seguimiento vivido poco tiene que ver con hacer buen periodismo.El éxito de detallar al extremo informaciones de suceso es de sobra conocido, ocurrió ya con el caso de Las niñas de Alcasser en 1993(enlace): el dolor de la familia se paseó sin vergüenza por los platós nacionales y aparecen paralelismos en el trato que se le dió por parte de los medios, más de una década después poco ha avanzado la sociedad y los medios; no han sido útiles los acuerdos en materia de telebasura realizados hace cinco años, ni siquiera las leyes de protección de datos ni de menores, uno de los puntos álgidos que alcanzó este despliegue fue la aparición de Rocío,la novia de 14 años de Miguel, en el programa Rojo y Negro de Telecinco, no se distorsionó su cara ni se usó ética alguna en el enunciado de las preguntar, el morbo no entiende de derechos y los beneficios que generó la emisión tampoco.

Pero no hay que perderse, no es lo mismo información periodística que espectáculo informativo y los medios aunque atiendan a leyes comerciales han de priorizar ante todo el ético deontológico de un profesional. Afortunadamente, el malestar generado entre los profesionales lleva a instituciones como la Comisión de Contenidos del Consejo Audiovisual de Andalucía o la Asociación de la Prensa comiencen a investigar todas las informaciones que se han dado sobre el caso.

Todo el seguimiento mediático que ha acompañado a Marta ha hecho que renazcan viejos debates, desde la protección de datos en las informaciones hasta el peso de la presión social y la mitificación de las víctimas en el discurso social. El dolor colectivizado y mediatizado de una familia parece cobrar legitimidad cuando es retratado por todos los medios, los padres de Marta del Castillo se han convertido en impulsores de cambios judiciales y han obtenido una audiencia con el presidente del gobierno pidiendo la cadena perpetúa para el asesino de su hija, aparece el peligro de que casos determinados e individuales se permitan el lujo de pedir normas a nivel nacional que permitan aliviar el dolor de una pérdida. Todas las peticiones serán insuficientes porque no recuperarán a Marta,el duelo no puede seguir siendo coreado por la prensa y el cotilleo, ha de vivirse en la privacidad sin alimentar el ansia de audiencias acostumbradas a realities y telenovelas, no es una ficción ni una película, es una historia real donde los implicados tienen derecho y las víctimas son, y eso es lo díficil, simplemente víctimas.
Se han visto en la prensa española y no solo en la telebasura, ejemplos de un amarillismo que sorprende por lo descarado, por ejemplo en una noticia de El Mundo se analiza al asesino, se buscan todas sus miserias, se cuestionan incluso si su madre estaba loca o si tiene una doble personalidad, en una crónica de cotilleo revestida de información periodística (consulta a expertos incluso) que produce como poco, rechazo.

La información es desde hace tiempo un valor de mercado pero ¿hasta qué punto se puede ahondar en una vida ajena?Los límites han desaparecido y la presenciade la red social Tuenti se merece una especial mención. Las redes sociales son un fenómeno joven pero fuerte, permiten a los usuarios establecer relaciones mediante vídeos, fotos y comentarios, en el caso de Tuenti se crea un perfil de usuario que está abierto a los conocidos pero que aún así ha caído en manos de los medios que han publicado sin dudarlo un momento toda la información sobre el supuesto asesino de Marta, Miguel. Además del peligro de que datos privados salgan a la luz sin ningún tipo de filtro, llama la atención la capacidad movilizadora de la red, agente indudable en la organización de manifestaciones y protestas, se demuestra por ello como un agente social más de primer orden, una forma nueva de agitar a las masas que está en manos del usuario que quiera utilizarlay que puede tener usos muy positivos a nivel social, pues se presenta como generador de noticias y debates a nivel local y global, un avance en la construcción de esa Aldea Global que aparece sin embargo deslucido, habría que atender a esta prueba de fuerza y reorientarla para construir una nueva voz que permita el intercambio social.

Son varios los puntos de crítica y debate que surgen con este nuevo caso de espectáculo mediático, es hora de buscar culpables y abandonar en parte el viejo discurso que concluye que es la audiencia la única capaz de parar el gigante de la telebasura, por qué no se han cumplido los acuerdos firmados hace cinco años, dónde está la poco discutida ética de los periódicos que han abierto con la noticia, por qué no se condena desde la profesión la falta de moral y ética que se da de forma sistemática en muchas informaciones, ya está bien de culpar a la necesidad de capital, a la felicidad de la audiencia.

La prensa y las cadenas televisivas deberían establecer un límite que no se rebasara con ningún tipo de excusa, y mucho menos con el beneficio como estandarte, el morbo y el suceso es información efectiva y barata pero no es el producto audiovisual que una televisión de calidad ofrece a sus ciudadanos, es una vergüenza que todos los medios de un país se “bajen las bragas” sin pensarlo ante la posibilidad de mayores ventas, hay que señalar todo esto para poder recriminar al público sus gustos; y en cuánto a éstos, el porqué del cotilleo, la búsqueda de la desgracia ajena para llenar las vidas postmodernas, vivir a través de una realidad televisada, acciones que conformar una visión más que negativa de la sociedad en la que vivimos y que los medios han de modificar y no legitimar, no pueden olvidar su responsabilidad como agentes sociales y esconderse sin más.


Fuentes:
El Público, artículo de Fernando Santiago en El País

El Crimen paso a paso, El Mundo

Las dos vidas del asesino de Marta del Castillo El Mundo

Caso Alcasser, El País

Dolor y Populismo, El País

Marta, Eric González El País

Mentiras y Telecirco, Roman Orozco, El País

El País, ¿Existen límites al informar sobre el caso de Marta?

Demasiado jóvenes para el plató, El País

Artículo de Wikipedia, Redes Sociales

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